La Isla de los Muertos: Una leyenda de misterio y muerte en Aysén

La Isla de los Muertos: Una leyenda de misterio y muerte en Aysén

  Esta misteriosa isla se encuentra en la desembocadura del río Baker, a 3 kilómetros de Caleta Tortel, en la región de Aysén, Patagonia chile

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Esta misteriosa isla se encuentra en la desembocadura del río Baker, a 3 kilómetros de Caleta Tortel, en la región de Aysén, Patagonia chilena.

Con una superficie de 39 hectáreas, la Isla de los Muertos, se caracteriza por ser lisa y de baja altura, y con una capa vegetal relativamente reducida. En cuanto al cementerio, este mide alrededor de 248 m2 que desde el año 1980 están cercados.

Actualmente está categorizada como Monumento Histórico Nacional por su historia y por tratarse de uno de los primeros vestigios de colonización reciente de la zona.

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La leyenda de esta isla comienza en septiembre de 1905, cuando 200 obreros chilotes viajaron a bordo del Vapor Dalcahue con rumbo a la desembocadura del Río Baker para limpiar los terrenos y construir un camino para comunicar la zona con Argentina.

Para llegar a la isla de los Muertos debe comenzarse una excursión en Caleta Tortel. Esta travesía dura aproximadamente unos 35 minutos y se realiza contra la corriente del Río Baker de ida. .

La empresa que los contrató, la Compañía Explotadora del Baker, les encomendó hacerse paso entre la espesa selva patagónica para armar galpones, corrales y algunas oficinas que servirían para almacenar lana y carne que sería exportada a Argentina. Para realizar esta labor se les entregaron herramientas y una cierta cantidad de alimentos, siempre con la promesa de que desde ese momento comenzarían a enviar barcos continuamente para aprovisionar el nuevo asentamiento. Lamentablemente la compañía no cumplió con su compromiso y abandonó a sus trabajadores al poco tiempo.

Con el paso de los meses y ya habiendo realizado gran parte del trabajo bruto de la apertura de caminos entre humedales y cerros, los obreros comenzaron a experimentar extraños síntomas que los estaban deteriorando: moretones en las piernas y brazos, hemorragias, sangrado de encias, dolores de cabeza y otros padecimientos.

Según los relatos de algunos sobrevivientes un día amanecieron 7 trabajadores muertos, los que fueron enterrados en la isla. Luego el asunto se volvió más grave cuando en una sola jornada fallecieron 28 obreros. Desde ese entonces las tumbas solo pasaron a demarcarse con una simple cruz de ciprés, olvidándose de los nombres.

Finalmente la salvación llegó al cabo de un año cuando en octubre de 1906 recaló un barco que se encontró con un panorama desolador de desnutrición y afecciones corporales.
Los pocos sobrevivientes fueron llevados de vuelta a Chiloé, aunque muchos de ellos perecieron en el camino y fueron enterrados en localidades cercanas.

Basados en relatos y análisis arqueológicos en la zona se han esgrimido varias teorías que explicarían esta misteriosa tragedia, pero ninguna es comprobable en su totalidad.

La primera que se maneja habla de la mala y escasa alimentación que debieron consumir los obreros compuesta solo de carne salada, tocino, arroz y harina llena de gorgojos que les generó hambruna o envenenamiento accidental por el estado de descomposición de algunos alimentos.

La otra teoría supone un envenenamiento intencional por parte de la empresa con arsénico, estricnina o cianuro para evitar futuros motines por las malas condiciones laborales y eludir el pago de salarios a estos 200 trabajadores.

La Isla de los Muertos atrae anualmente a muchos curiosos históricos, que quieren conocer más sobre las razones de estas muertes enigmática y con diversas hipótesis.
En tanto última hipótesis esgrima la lucha por alimentos y rencillas naturales entre hombres, que finalmente provocaron que se mataran entre ellos.

Desde hace unos años la isla ha sido víctima de las crecidas del río Baker que se ha llevado además de las tumbas periféricas parte de la vegetación que protege el recinto. Ya por el año 1945, el padre salesiano Alberto Agostini mencionaba 120 sepulturas, para el año siguiente el explorador A. F. Tschiffely reconocía tan solo 79 y hoy solo quedan 33.

Las cruces simbiolizan los muertos que ya han sido arrastrados en más de alguna ocasión por las crecidas del Lago Baker.

Más actualmente, y gracias a la intervención de terceros que han querido mejorar algunas tumbas, también se han provocado un cambio en la composición de este antiguo cementerio. La extracción de recuerdos o la introducción de placas recordatorias y algunos artículos religiosos dificultan la interpretación del sitio y posteriores avances en el esclarecimiento del caso por parte de historiadores y antropólogos.

Así mismo el natural avance de la vegetación de tipo selva fría, compuesta por coigues, ciruelilos, helechos, arbustos de calafate, nalcas, musgos, hongos, cadillos y otros, ha contribuido a cubrir el lugar con un halo de misterio mayor.

Para llegar a esta isla se debe navegar el Río Baker desde Caleta Tortel durante 15 minutos. Como el clima imperante en la zona es bastante lluvioso, se recomienda ir preparado con impermeable y botas.

Fuente: Chile365

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