Arica: Fusión cultural en su máxima expresión

Arica: Fusión cultural en su máxima expresión

El Morro, el Paseo 21 de Mayo, el no muy lejano valle de Azapa y el mundo de olores y sabores que encierra el mercado Agropecuario. Todo eso, sumado a

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El Morro, el Paseo 21 de Mayo, el no muy lejano valle de Azapa y el mundo de olores y sabores que encierra el mercado Agropecuario. Todo eso, sumado a bellas playas y a un ambiente multicultural, convirten a esta ciudad ubicada en el extremo norte del país como un destino que, definitivamente, hay que visitar.

Viví en Arica cuando era niña. Desde entonces, he recordado la ciudad con un cariño entrañable ya que rememora los mejores momentos de mi infancia. Aun cuando este pedacito de tierra siempre tuvo gran significancia para mí, no había vuelto a visitarla en 25 años, pero este 2016 me permitió hacerlo, y desde este verano declaro que Arica es el secreto mejor guardado del norte de Chile: sus excelentes y variadas playas, su gastronomía, su vida nocturna y el Valle de Azapa la convierten en un destino imperdible.

Su multiculturalidad es otro de sus mayores atractivos: el haber sido parte de Perú hasta el Siglo XIX le permitió contar entre sus habitantes con población de ascendencia china, japonesa, italiana y africana, además de la influencia altiplánica propia de la zona. Esto la convierte en un mix cultural con particularidades tales como un estilo propio de comida chino/peruana, una catedral cuyos planos fueron diseñados por Gustav Eiffel (el mismo de la torre parisina), un peculiar interés de sus jóvenes por deportes como el rugby y el beisbol, entre otras cosas.

Uno de los principales encantos de la ciudad, y sin duda el más conocido, es el Morro: un enorme y rocoso cerro ubicado en la costanera de aproximadamente 130 metros de altura y desde el cual puede apreciarse la totalidad de la ciudad y el Océano Pacífico. Además, el Morro tiene una importante significancia para la población ariqueña y la historia chilena: representa la gesta histórica del ejército chileno, que en época de la Guerra del Pacífico, cuando la ciudad aún era parte del Perú, tomaron este cerro, terminando así con una exitosa campaña bélica, la que posteriormente permitió que esta ciudad formara parte del territorio nacional.

Sin la intención de polemizar ni restarle mérito a la hazaña, cuentan las malas lenguas que los soldados fueron envalentonados con un misterioso brebaje, denominado “Chupilca del Diablo” una mezcla de aguardiente y pólvora que permitió que en tan solo una hora unos desaforados militares derrotaran al “enemigo” peruano. ¿Mito o realidad? Nunca lo sabremos. Al Morro de Arica se puede acceder tanto en auto como a pie. Personalmente prefiero la segunda opción, pues permite ir disfrutando de la vista. En la cima, encontraremos el Museo Histórico y de Armas, el que alberga una colección de elementos y testimonios históricos de la Guerra del Pacífico. En este lugar se emplaza además, el Cristo de Concordia que simboliza la paz entre Chile y Perú.

Muy cerca del Morro encontramos también el Mercado Colón, conocido por su infinita variedad productos del mar, cebiches, mariscales y empanadas, pero además porque en el “Caballito de Mar” preparan la más deliciosa-misteriosa-reparadora bebida que he probado en mi vida: la Copa Martínez, enjundioso bebestible que mezcla los jugos del cebiche, mariscos, limón, huevo y pimienta, los que lo convierten en una bomba de vitaminas y energía. En el centro de Arica se ubica también la bonita Catedral San Marcos y la ex aduana, cuyos planos fueron diseñados por el connotado arquitecto Gustav Eiffel y que revisten a la costanera de una elegancia clásica y distinguida.

Un distintivo punto de encuentro para turistas y ariqueños es el Paseo 21 de Mayo, habitado por vendedores ambulantes, artesanos, predicadores, grupos de surfistas y donde se emplaza La Scala, fuente de soda tradicional que por años ha albergado a los comensales ariqueños. Su mayor encanto son los jugos naturales de innumerables sabores que vienen en un jarrito metálico, lo que permite rellenar. Ahora bien, si de hambre se trata, recomiendo dirigirse a alguna de las “chifas” ariqueñas, picadas que sirven comida fusión peruano/china/local. Un imperdible: el pulpo mongoliano con arroz chaufa y wantanes caseros.

Otra visita obligada es el Valle de Azapa, ubicado a sólo unos kilómetros de Arica, emerge como una suerte de oasis en medio del desierto. Este valle es nacionalmente conocido por sus aceitunas, guayabas e inapreciable valor arqueológico, además de contar en el Museo Arqueológico y Antropológico y las momias de Chinchorro, las más antiguas del mundo. Además, su paisaje está rodeado por varios ancestrales geoglifos que representan la vida de los antiguos pobladores de la zona. También en Azapa es posible conocer el Santuario de la Virgen de Las Peñas, al que se puede acceder luego de una caminata de 3 horas y varios escollos ¡Sólo para fieles fervorosos! Otra peculiaridad de este valle es la existencia de una importante población afrochilena, asentada allí desde épocas coloniales, lo que ha producido una rica y mestiza cultura local que vale la pena apreciar.

Por el mismo camino por el que se va hacia el Valle existe un lugar que, personalmente, es mi rincón favorito del norte: el terminal Agropecuario, más conocido como El Agro de Arica. Una vez en su interior se abren las puertas de un mundo repleto de olores y sabores de los cuales es difícil desprenderse. Un festival de frutas y verduras procedentes casi de todo Sudamérica hacen que este espacio un éxtasis para los comilones y sibaritas. En este sitio aproveche de comprar mangos, maracuyás y guayabas, como también concentrados de estas mismas frutas, distintos tipos de aceitunas, aceite de oliva, chocolates peruanos, hierbas andinas, quínoa, frutos secos, entre otras muchas cosas.

Por otro lado, si de “capear” el calor se trata y disfrutar de la eterna primavera de esta ciudad (slogan ariqueño) recomiendo la playa Chinchorro, mi favorita, no tan solo por lo grande que es sino por su oleaje y temperatura precisos, el reggae que se escucha como música ambiente y la cantidad justa de bañistas.

Para finalizar, mi mejor dato: Don Floro, restaurante clásico ubicado frente al Hospital Juan Noé cuya especialidad es lo más rico, delicioso y sabroso del norte de Chile: el picante de loco y pulpo, preparación que consta de trozos de estos mariscos mezclados con cebolla, ají de color y ajo, al que se le suman papas cocidas semi molidas y un par de ingredientes secretos, servido acompañado de arroz blanco y espolvoreado de cilantro. Quizás mi descripción no es la más apetitosa, pero les prometo que si van a comer este plato, no se arrepentirán.

Fuente: Constanza Pavez – El Mostrador

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